Aún recuerdo el eco y la indignación pública y mediática que causaron las declaraciones de Inma Mayol, teniente de alcalde de Barcelona, al declararse antisistema y defender posiciones de los okupas. Esos grupos de jóvenes que invaden la propiedad privada sin preguntar y que no tienen ningún reparo en utilizar la violencia, cuando las autoridades, sentencia en mano, les invitan protocolariamente a abandonar la propiedad ajena.
Unas declaraciones, que en cualquier ciudad del mundo civilizado hubieran merecido su cese inmediato.
Y miren por dónde, ahí sigue.

Por si aquello no fuese suficiente, estos días su correligionario, el Sr. Saura, a la sazón jefe de la seguridad de todos los catalanes, ha asistido a una manifestación en la que alguno de sus asistentes blandía una pistola en señal amenazante, se quemaron banderas y se exhibían pancartas de dudosa legalidad.
Una manifestación al más puro estilo fundamentalista, en las calles de Barcelona, la ciudad otrora referente del diseño y la modernidad, elegida recientemente sede de la Unión por el Mediterráneo, gracias entre otros, al apoyo de Israel, y con quién recientemente el gobierno catalán ha firmado acuerdos de cooperación.
La causa no es otra que el conflicto bélico que se está produciendo en Gaza.
Vaya por delante que ninguna actuación bélica merece justificación, y que las imágenes que a diario nos sirven los noticiarios son de lo más repugnante.

Pero, un conseller, jamás debería exhibir sus preferencias y tomar partido ante un conflicto en el que un país democrático como Israel se defiende de los ataques reiterados y sistemáticos de un grupo terrorista como Hamas que involucra a todo un pueblo como Palestina.
¡No nos confundamos!
Ese tema será motivo de otras reflexiones.
La cuestión es, si un conseller, que por cierto tiene el record de petición de dimisiones por su nefasta gestión, debe asistir a una manifestación de esas características.

Ningún país del mundo occidental respetable toleraría una cosa así, por dignidad y sobre todo por legalidad, puesto que existe una posición común en toda la Unión Europea respecto al conflicto en Oriente Medio que Cataluña debería respetar y que Saura se ha atrevido a comprometer.

Los catalanes no podemos esperar nada de un dirigente así, que se desprende de su condición de conseller para defender los intereses e ideas de su partido por encima de las del conjunto de los catalanes, y mucho menos puede ser el responsable de nuestra seguridad.
¿En manos de quien estamos?

Por cierto, mientras Saura se iba de manifestación, en un campo de fútbol de tercera regional, dos equipos de jóvenes se enzarzaban en una batalla campal, sin que ningún mosso d’esquadra, previamente avisados, hiciera acto de presencia. No hubo orden de la autoridad. El resultado, siete jóvenes al hospital. Eso no era prioridad.
Váyase, Sr. Saura, váyase de una vez.