Que el tripartito catalán no tiene criterio unitario en los temas que son de trascendencia para Cataluña no es una novedad, pero hasta ahora la cosa se había limitado a no ponerse de acuerdo en las grandes infraestructuras que Cataluña necesita para afianzar su progreso, o a tomar decisiones sin previo aviso desde cada consejería, atendiendo únicamente a criterios partidistas.
Hasta ahí, la cosa era insólita y dejaba al gobierno catalán en ridículo cada vez que la discordia llegaba al debate público.
Como ejemplo vimos al entonces Conseller Puigcercós, manifestarse contra la MAT en Francia, condenando a dejar sin suministro a toda la Costa Brava. Otro ejemplo fue la batalla del agua en la que el Conseller Baltasar, fue desautorizado en varias ocasiones hasta el descrédito total y ahí sigue impertérrito. O el sorprendente acuerdo entre Saura y De la Vega, a espaldas del Presidente de la Generalitat y con un total menosprecio al entonces presidente en funciones.
El pasado domingo, ERC e IC-V EUA, se manifestaban en contra de la Ley de Educación, emanada del propio gobierno del que son miembros y a la que ninguno presentó enmienda a la totalidad.
Ejemplos más que evidentes de descohesión ante un Presidente que lo admite todo y guarda silencio, puesto que hasta la fecha, a nadie ha pedido responsabilidades por sus discrepancias.

La cosa no ha pasado de ahí hasta la semana pasada en que el lío ya merece pasar a los libros guiness.
Si hasta ahora los catalanes estábamos perplejos, ahora estamos además asustados.
La desavenencia entre la Consellera Tura y el Conseller Saura, ha puesto en tela de juicio a la justicia y a la seguridad, sin tener en cuenta las consecuencias; una enorme desconfianza entre los ciudadanos respecto de quienes deben velar por su seguridad y respecto de quienes tienen en sus manos la garantía de sus derechos.
La Consellera de Justicia sale en defensa de los Mossos, por una sentencia, susceptible de ser recurrida, a la vez que recrimina la actitud del representante de los jueces, colectivo al que representa y a los que debe defender.
El Conseller Saura por contra, no defiende a los suyos, y guarda silencio sabedor que su gestión y especialmente, el trato desconfiado que dispensa a los Mossos en lo que concierne a sus asuntos internos, ha provocado un profundo malestar en el cuerpo, ha incrementado la desconfianza y le ha generado una enorme impopularidad y rechazo entre los agentes de seguridad.
Todo esto no ha merecido ni el más mínimo comentario de Montilla, ante una más que lamentable exhibición de discordia.

Sólo la voz del PP, ha pedido poner fin a la espiral de enfrentamiento, recriminaciones, declaraciones y contradeclaraciones, que afecta de manera más que negativa tanto a la justicia como a la seguridad.
¡Que alguien ponga fin a este espectáculo!