Al parecer del ciudadano de a pie, los políticos sólo hablamos de lo que nos interesa y nuestro divorcio de la realidad es lo que provoca cada vez más desafección política.
Ahora iniciamos un nuevo debate sobre financiación que va a provocar ese efecto entre la mayoría, que no sabe ni que es, ni a que obedece, y sobre todo se preguntan cuanto nos va a costar.
Para intentar aclarar algunos aspectos, quiero decir que la financiación autonómica es la que permite que Cataluña financie los servicios públicos básicos de las competencias que tiene atribuidas y que gestiona desde el presupuesto del gobierno autonómico. La sanidad, la educación y los servicios sociales o la seguridad, son un claro ejemplo de servicios que se pagan con el dinero de todos y que nos benefician a todos y para financiar los servicios públicos básicos, necesitamos obtener los recursos suficientes que los hagan posibles, viables y de calidad, independientemente del territorio en el que vivamos.
A día de hoy y como consecuencia del incremento de población que Cataluña ha tenido en los últimos años, nuestra capacidad de financiar esos servicios se ha quedado corta y necesitamos mejorar nuestros recursos para poder hacer frente a los nuevos retos que nos plantea el futuro. Para eso necesitamos un nuevo modelo de financiación, pero no somos los únicos. De ahí que mejorar nuestros recursos servirá para dar servicios de calidad, de igual nivel de prestación, que el resto de comunidades autónomas, evitando así agravios comparativos o que unas comunidades se sienten perjudicadas respecto a otras.
Por eso es importante definir en primer lugar, cual es el coste de esos servicios básicos, y conocer después las necesidades de cada uno de los territorios.
De nada sirve plantear como pretenden los nacionalistas, negociaciones y acuerdos bilaterales, que sumados en su conjunto hace inviable su aportación o que tan sólo busca una situación de preeminencia de unas comunidades frente a otras, agravando las tensiones territoriales que no son nada convenientes.
De ahí que lo mejor sea buscar complicidades entre las comunidades autónomas más homologables entre sí, y llegar a acuerdos que no perjudiquen a nadie. El Presidente Montilla se equivoca al tender la mano a los nacionalistas de CiU que no pintan nada, ni tendrán representación ninguna, en los órganos de negociación de los acuerdos de financiación. Y también se equivoca en consentir el despilfarro que suponen las aventuras y los delirios independentistas, que sitúan a Cataluña en una posición de desprestigio que la desventaja frente al resto.
Un gobierno responsable, debe saber que hay que llegar a acuerdos con quien ha demostrado rigor y buena capacidad de gestión, y más si se trata de dinero.
El PSOE debe dar ejemplo del talante y el diálogo del que tanto ha presumido, para buscar el consenso con el PP, que gobierna en la mayoría de autonomías con solvencia y amplio respaldo social, y dejar al margen la permanente voracidad del nacionalismo.