Una de las propuestas programáticas que el Partido Popular ha presentado este fin de semana, consiste en proponer una ley que garantice la enseñanza en castellano en todas las etapas educativas y en todo el territorio nacional.
De esta forma se pretende garantizar el derecho reconocido en el artÃculo 3 de la Constitución, que establece el deber de conocer y el derecho a usar el castellano, lengua oficial del Estado.
Las voces contrarias a la medida no se han hecho esperar. El drama nacionalista está servido amenazando el genocidio cultural que la medida supone. Pero la más curiosa es la alzada por el Conseller Maragall que hasta que las presiones republicanas le hicieron renunciar a su propósito, fue capaz de reconocer, incluso en sede parlamentaria las dificultades de los alumnos catalanes para expresarse en castellano.
La dicha duró poco, hoy ha calificado la medida de pura “demagogiaâ€.
¿Puede considerarse demagogia garantizar un derecho fundamental de los padres?
No hay ningún paÃs en el mundo que impida a sus alumnos estudiar en la lengua oficial del Estado al que pertenecen, máxime cuando el 52% de los alumnos catalanes tienen cómo lengua materna el castellano.
Garantizar por ley el estudio en la lengua oficial, es un derecho que corresponde a todos los padres, decidir libremente que educación y en que lengua quieren escolarizar a sus hijos.
¿Por qué en Cataluña, un niño puede escolarizarse en una escuela cuya lengua vehicular sea el inglés, el francés, el alemán o el japonés, y no puede escolarizarse en castellano, siendo ésta, lengua cooficial?
¿Con qué argumentos se nos niega ese derecho?
Muchos alumnos catalanes realizan a la semana muchas más horas de inglés, que de castellano, pues es la actividad extraescolar más frecuente.
¿Es eso justo?
¿A quien pretenden engañar diciendo que nuestros alumnos terminan sus estudios con el mismo nivel de castellano que los del resto de España? Todo el mundo conoce las argucias utilizadas para sesgar en un sentido u otro los resultados finales.
El catalán se ha convertido en materia de máxima exigencia mientras que el castellano, ya se aprende viendo la televisión y hablando en casa, asà lo afirman algunos.
Yo creo que estamos ante algo más importante, una limitación de nuestra libertad que no debemos permitir, y es, además una injusticia.
La libertad de optar por un derecho reconocido en las leyes nunca deberÃa haberse puesto en cuestión.
Ahora ya no es sólo una retórica de los Populares, se trata de defender la libertad de una sociedad cansada de tanta imposición, y que reivindica cada dÃa con más fuerza, que el castellano sea una opción de escolaridad en la enseñanza de Cataluña. Es cuestión de libertad.
