por
carinamejias
@ 11/01/2007 - 21:07:25
Hoy se cumple un año desde las pasadas elecciones autonómicas.
De ellas nacían un nuevo gobierno y un nuevo presidente de la Generalitat que traían bajo el brazo un nuevo Estatuto, como solución a todos los problemas que padecía Cataluña, desde que la memoria histórica nos alcanza a recordar.
Hoy podemos hacer balance y demostrar con hechos, que nada de eso ha sido así, hoy tenemos más problemas de los que jamás pudimos sospechar.
Al gobierno de sobresaltos de Maragall, ha sucedido un gobierno inerte, insulso, ausente. Muchos nos preguntamos, si realmente tenemos gobierno.
Los catalanes están más desencantados que nunca de sus políticos y la brecha entre sociedad y política se agranda a golpe de socavón.
El año de legislatura, ha estado marcado por los continuos conflictos de competencias nacidos del texto estatutario, y del llamado encaje de Cataluña en España.
Cualquier acontecimiento es fuente de problemas ya sea cultural, social o de tipo económico. Tenemos ejemplos para todos los gustos.
Empezamos con la tercera hora de castellano en las escuelas, y acabamos con la polémica feria de Frankfurt, empeñados como están en hacer de la lengua un elemento de confrontación política.
Nunca una hora de castellano llenó más horas de debate político, nunca autores más leídos, fueron tan poco considerados.
Seguimos con las polémicas defensas identitarias en una sociedad que ella sola se define tan catalana como española. Un periodo en el que la defensa de la identidad ha repartido en subvenciones mucho dinero del contribuyente que bien empleado estaría en otras cosas mas importantes como por ejemplo, disminuir los barracones en los que estudian nuestros alumnos, o en pagar más y mejor a nuestros médicos, que no han dejado de quejarse por su precaria situación laboral, durante todo el año.
Pero el gobierno prefiere tener selecciones deportivas catalanas.
Ha sido un año, que muchos tardaremos en olvidar, especialmente quienes han vivido en sus carnes la inseguridad ciudadana, que ha exigido tantas explicaciones del conseller de interior, el mismo, que decidió hacer públicos los vídeos de los excesos en las comisarías de los mossos, desprestigiando al cuerpo policial del que depende la seguridad y la confianza de todos los catalanes, y cuya herida tardará años en cicatrizar.
Ha sido el año de las prioridades equivocadas.
Hemos padecido crisis vergonzosas durante las que el gobierno, ha estado ausente, especialmente su presidente, y algunos consellers de vacaciones.
Cuatro días de apagón en Barcelona, la ciudad del diseño y referente turístico en el mundo.
El apagón veraniego, 56 horas sin luz y 11 horas de debate parlamentario, nos dejaron la incógnita de las causas que lo provocaron, y una ciudad salpicada de ruidosos generadores eléctricos decorados por los grafiteros.
Sin luz, y sin nadie que asumiera responsabilidades, los catalanes quisimos marcharnos para olvidar…
Pleno verano y salir de Barcelona era misión imposible.
Al apagón, le siguió el colapso aeroportuario que dejó en tierra y sin vacaciones a quienes habían trabajado todo el año y las merecían.
Carreteras saturadas, colapsos históricos, horas de espera y tiempo perdido, acabaron con la paciencia de los sufridos ciudadanos.
El verano fue sólo una pausa...
El año de legislatura culmina con una crisis ferroviaria sin precedentes, en ningún país del mundo.
Hará historia. Miles de catalanes sufren cada mañana las inconveniencias de no poder usar el tren de cercanías, a causa de la chapuza histórica en la ejecución de una de las obras ferroviarias más importantes para Cataluña. Lleva 15 años de retraso, podíamos seguir esperando y hacerlo bien.
Pero las prisas por la foto inaugural, y el irrefrenable afán de electoralismo de ZP, nos han llevado al caos de hoy.
Cuando acabará, no se sabe, nadie se atreve a poner data final al desastre y seguimos sin responsables improvisando soluciones, a ver si hay suerte.
El daño ya está hecho.
Ningún catalán que se precie querrá jamás, obras cerca. El síndrome de la tuneladora ha hecho mella, las protestas, los impedimentos y las manifestaciones serán el freno constante a cualquier iniciativa de progreso.
Cataluña seguirá en su suave decadencia, pugnando por ser diferente de otros que ganan puestos en el ranking de la competitividad, atraen empresas y construyen sus infraestructuras sin dramas, mientras nosostros perdemos el tiempo y el dinero en construir una nación.
En Cataluña, el virus de la desconfianza ha calado hondo, y ningún estatuto puede sanar a una sociedad defraudada y menospreciada por sus gobernantes.
Montilla, hará balance de su primer año de legislatura, escondido en sus aposentos gubernamentales. Susurrará en latín en la intimidad, “annus horribilis”.