No vengo aquà por inquietud polÃtica, sino a expresarle el sentimiento de una frustración, la de aquellas mujeres que, desde la más absoluta discrepancia polÃtica, albergábamos la esperanza de que Vd. no fuera ministra en función de una cuota, sino que respondiera al perfil de una mujer capaz de asumir un puesto de decisión generalmente asumido por hombres y estar a la altura, con dignidad, eficacia y sobre todo con responsabilidad.
Nada más lejos de la realidad Sra. Ministra.
Al lamento por que sea una mujer la que pase a la historia como el peor ministro de fomento que ha tenido este paÃs, se une la frustración, no sólo de la mala gestión, si no de la falta de sensibilidad ante unos acontecimientos que jamás debieron producirse.
Sus salidas de tono continuas, sus comentarios desafortunados, sus menosprecios ante situaciones desgraciadas le han granjeado una fama desagradable que caracteriza su trato.
Recuerdo sus desafortunados comentarios sobre el plan Galicia.
Pero ahora, la situación más grave se da aquà en Cataluña, donde todas las infraestructuras que dependen del Estado están en crisis.
Cataluña no lo merece y esta situación no tiene precedentes.
Lo increÃble es que, el presidente Zapatero, no la haya cesado ya, o que si Vd. tuviera una pizca de dignidad, se hubiera ido por decisión propia.
Pero no es asà y las circunstancias nos obligan hoy como polÃticos a exigirle explicaciones y responsabilidades.
Todas las infraestructuras del Estado han fallado. Todas. Y hoy el descrédito es enorme y por su culpa nos llaga el desprestigio.
Evitaré hablar de inversiones, no es cuestión ahora de analizar las cifras, ni los porcentajes, ni los balances, por que las cifras no es cuestión que interese a los ciudadanos, lo que les interesa es otra cosa, ellos sólo entienden de servicios.
La pugna por saber quien ha invertido más, no les va a devolver el tiempo perdido, las ilusiones frustradas, ni las oportunidades perdidas, y es a ellos a los que se debe y a los que debe una explicación en la que no cabe la exculpación.
Culpas, que quiero pensar que no atribuirá a gobiernos anteriores, un colapso aeroportuario como el de este año, las continuas averÃas de trenes, o las largas colas en las carreteras, que se han producido estos dÃas, no pueden ser culpa de gobiernos anteriores con los que nunca sucedió, sino más bien atribuible a la incompetencia de un gobierno sin criterio al que Vd. pertenece.
El argumento de cargar las culpas sobre otros, ya no da más de sà y sólo contribuirÃa ha hacerle perder su ya maltrecha credibilidad, hoy ya hecha pedazos.
Por tanto no nos sacudamos las culpas y vayamos a los hechos, o más bien a las personas a esas a las que Vd. juró o prometió servir.
A las mismas, que durante meses ha estado engañando con falsas promesas y a las que ha despreciado con su desatención.
Quiero pensar que es a ellos y no a los polÃticos, a quienes debe una explicación.
A todos esos miles de ciudadanos que han perdido su tiempo y su dinero como consecuencia de su nefasta gestión, a las pérdidas ocasionadas, algunas de ellas irrecuperables e incuantificables.
Con ello me estoy refiriendo a la responsabilidad de saber que miles de ciudadanos han acumulado retrasos en su trabajo a riesgo de perderlo, alumnos que han perdido clases que no se repetirán y a las que nunca podrán volver a asistir, aspirantes que han perdido la oportunidad de examinarse y que tendrán que repetir, comerciales que han perdido oportunidades rentables para sus empresas a las que se deben y con las que están comprometidos, ejecutivos que han dejado de firmar contratos importantes, personas al servicio de otras de las que depende su compañÃa o su bienestar, o los que no han podido asistir a un acontecimiento familiar irrepetible, o los que no han podido llegar a tiempo de la despedida de alguien al que no volverán a ver, o los que soñaron con un destino ideal en vacaciones al que nunca llegarán, o los que llegaron en lamentables condiciones o sin sus pertenencias, y se vieron obligados a reponer todas sus cosas que desaparecieron en un marasmo de maletas y desorden sin dueño, o los padres que no llegaron a tiempo para estar con sus hijos.
Situación tras situación para la que no hay consuelo ni perdón, frustraciones que se han pagado con menosprecio. El menosprecio de una visita rápida y sin preguntar.
Si su nombramiento levantó expectación, hoy es el resultado de una gran frustración, como mujer por su falta de sensibilidad, como ministra por su pésima gestión.
Váyase Sra. ministra, váyase y déjenos en paz.
