Hace unos meses leía en un diario, que Hugo Chávez había iniciado el proceso de nacionalización de las escuelas venezolanas, incluidas también las de ideario católico, con el fin que todas ellas adoctrinaran a sus alumnos en las tesis socialistas, y crear así, nuevas generaciones que continuaran el proceso de la “revolución chavista”.
Tal decisión provocó la reacción de los padres de las escuelas católicas que iniciaron una campaña de reivindicación de la libertad de enseñanza, y del derecho a decidir la educación que desean para sus hijos.
El gobierno socialista de ZP, no se ha atrevido a tanto, pero no lejos de la idea, ha iniciado un proceso mucho más sutil, introduciendo en principio, una nueva asignatura que había de enseñar a los alumnos sus derechos y sus obligaciones como ciudadanos.
Era la coartada perfecta para introducir en el temario de la asignatura, otras cuestiones de mayor calado, que sin parecerlo, orientarían a nuestros jóvenes hacia una determinada tendencia, siempre favorable a las trasnochadas tesis marxistas.
La cobertura, está siempre en la excusa de la nueva inmigración a la que hay que educar para la plena ciudadanía.
La reacción no se hizo esperar y han sido muchas las organizaciones de padres de alumnos que sospechando la injerencia moral y la finalidad de adoctrinamiento, han reclamado su derecho a decidir, de que forma quieren educar a sus hijos, y la libertad de elegir la orientación moral que como padres tienen derecho a dar a sus hijos.
Cabía esperar que ante el alud de quejas, hubiera una rectificación, pero no ha sido así.
El desarrollo de los decretos no ha hecho más que confirmar lo que ya nos temíamos, una clara intención de orientar a los alumnos, hacia el relativismo moral y la ideología de género, una interpretación neo-marxista de la historia, que defiende que el género, no es una cuestión biológica, sino una cuestión cultural que impone unos roles a hombres y mujeres que se deben destruir, en beneficio de la lucha contra el sexismo y la libertad afectivo sexual.
La idea no es nueva, puesto que en Cataluña hace años que se imparten charlas en las escuelas orientadas a estas tesis.
En lugar de fomentar la responsabilidad individual, se informa a las alumnas, que un fin de semana de fiesta y desenfreno, puede enmendarse con una píldora el día después.
Que esto del matrimonio no es nada sacramental ni comprometido, que tan sólo es un fiestón que unos meses después liquidas mediante el divorcio express y listo.
Que la idea de fundar una familia tradicional, como la que tiene el 99% de los mortales, es sólo una antigualla que hay que modernizar y adecuar a los nuevos tiempos y los nuevos tipos.
Que abortar es sólo una decisión sobre el propio cuerpo.
Que la natalidad no está de moda y que si tienes hijos, en lugar de facilitarte que puedas cuidarlos el máximo tiempo posible y ejerzas como madre, lo mejor es que pagues la guardería, con los 2.500 € que te va a dar ZP y que con suerte te llegarán para los tres primeros meses. El resto va por tu cuenta.
Ante esta situación, no queda más que revelarse, objetar e impedirlo.
Yo quiero decidir como educar a mis hijos, no necesito ni asignaturas, ni orientaciones tutoriales, ni que el gobierno decida cual debe ser la moral pública y común a todos los españoles.
Soy su madre quiero educarlos yo.
Yo quiero decidir como hacer de mis hijos personas honestas y responsables con ellos mismos y con los demás.
El fin está muy claro, y quiero elegir con libertad cómo hacerlo.
Si lo hago bien, que ellos me lo premien, si lo hago mal, que ellos me lo demanden.
