Hoy, un compañero concejal en una ciudad con un alto índice de inmigración, me ha invitado a compartir mesa y mantel con representantes de la comunidad pakistaní en Cataluña.
Una interesante experiencia.
No sólo por la comida típica y sus condimentos, algo picante, sino por la conversación que ha resultado más que enriquecedora.
La comunidad pakistaní en Cataluña, más de 50. 000 miembros se queja del trato que reciben.
Dicen que, tanto Al-Qaeda y tanto Bin Laden, les tienen hartos, porque las televisiones españolas, generalizan calificativos que no se corresponden con la realidad. Les desprestigian entre el resto de colectivos de inmigrantes y provocan la desconfianza y el menosprecio de los nativos.
Dicen, que tanta burocracia, y tanto retraso en los papeleos, legalizaciones, nacionalidades y homologaciones, fomenta la corrupción, las mafias y el cobro de comisiones ilegales.
Dicen, que era mejor cuando les contrataban en su país de origen y podían venir dentro del cupo que el gobierno español establecía cada año.
Dicen, que tratamos a todos los musulmanes por igual, cuando en realidad sabemos poco de ellos, de su cultura, de sus costumbres, de cómo viven en sus comunidades y de lo diferentes que son entre sí.
Dicen, que pueden competir con cualquiera, su nivel cultural es alto, y que su mayor problema es el idioma, en el que otros colectivos les llevan ventaja.
Dicen que, necesitan aprender a comunicarse.
Algunos llevan más de 18 años aquí, y hablan castellano con cierta dificultad. Entre los comensales que nos acompañan, hay, comerciantes, albañiles y carpinteros. Uno de ellos, Saquib, es licenciado en físicas y periodismo pero trabaja de carpintero, aunque le sobra tiempo para editar el diario “Barcelona Times” que recibe toda la comunidad.
Otro, Tahir, es economista con un master MBA en finanzas, pero trabaja en la construcción. Es el presidente de la federación, y como tal coordina el trato con las embajadas y los diplomáticos por que habla tres idiomas, urdú, castellano e inglés.
Dicen que quienes peor lo tienen, son los campesinos que sin ninguna opción, acaban trabajando de “butaneros” en las grandes ciudades, como Barcelona, a cambio de propinas, o quienes desde pueblos lejanos han llegado hasta aquí, sin más pretensión que cultivar la tierra y cuya única oportunidad es trabajar como temporeros en las comarcas de Lleida.
Le pregunto, por qué eligieron España, y la respuesta es clara, a todos los trajo la reagrupación familiar en busca de una vida mejor.
