El atentado terrorista que costó la vida a 190 personas el 11-M, ha quedado visto para sentencia.
Fue el atentado más grave, producido en Europa en los últimos años.
No sólo por el terrible número de víctimas, sino por el efecto político, medido y buscado que produjo después.
Justo el día del final del juicio, los terroristas han vuelto a atentar asesinando a siete turistas españoles, (vascos y catalanes para algunos), que se hallaban en el Yemen, país de origen del fundador de Al-Qaeda, y especialmente convulso y violento.
Los terroristas no están dispuestos a que el “visto para sentencia”, anuncie un final.
En la última semana, han asesinado a seis jóvenes soldados del ejército español en el Líbano, en un atentado que tenía muy claro el objetivo: las tropas españolas.
Todos los países de nuestro entorno están en alerta.
La capital del Reino Unido, ha sido escenario de varios intentos de atentado y sus fuerzas de seguridad han activado todos los dispositivos de prevención de atentados terroristas.
Que yo sepa, en España no se ha activado ninguno.
Pese a que es precisamente España, la que ha llevado la peor parte, en las consecuencias de los atentados terroristas islámicos, pese a que ha sido en España dónde en los últimos meses se ha detenido a muchos islamistas, vinculados a actividades de captación de terroristas, nadie nos ha puesto sobre aviso y una vez más las víctimas españolas lo son, también del factor sorpresa.
Nadie lo esperaba, ¿Por qué?
Ahora ya no tenemos tropas en Irak, y el gobierno afirma que nuestras tropas repartidas en zonas de conflicto bélico, dónde ponen en riesgo sus vidas, se hallan en misión de paz.
Si eso, es así, ¿Cuál es ahora la excusa?
España se ha convertido en objetivo y con ello en campo de prácticas de las venganzas islamistas, a las que acompañan de tímidas reivindicaciones históricas, que engrandecerán con el tiempo.
Los que viven aquí, han aprendido rápido.
Las causas son fáciles de identificar.
Distraído el gobierno español, en la negociación con el terrorismo interior, debilitada la cohesión nacional, por el debate territorial, es víctima fácil.
Una política de inmigración permisiva, que ha favorecido la entrada silenciosa en España de células islamistas. Una diversidad de cuerpos de seguridad descoordinados, que compiten entre sí y no comparten información, unido a la inexistencia de policía de fronteras. Un ejército debilitado al que obligan a cumplir sus compromisos internacionales, con precariedad de medios, que adquieren con mínimo presupuesto, jugándose la vida.
Una sociedad, lamentablemente acostumbrada al horror del que se sobrepone rápido, ante lo cotidiano se vuelve insensible, tanto, que calla cuando se negocia con quienes quieren exterminarla.
El de hoy no será el último “visto para sentencia”, habrá más aunque ante la magnitud y la trascendencia, la justicia, poco puede hacer.
España es el objetivo y los españoles víctimas fáciles.
¡Que Dios nos proteja!

04.07.07 @ 07:30