Cataluña tiene una enorme tradición deportiva, que tiene su origen en la buena organización del deporte escolar, que fomenta, además de hábitos saludables, la sana competitividad, y una gran afición al deporte.
No es de extrañar, que muchos de los grandes deportistas sobresalientes en todas las disciplinas sean catalanes, muchos de ellos, con un palmarés de éxitos envidiables, tanto dentro, como fuera de nuestras fronteras, en los que hasta ahora, la característica de la deportividad y la discreción eran notables, convirtiéndose en referente para muchos jóvenes.
La afición deportiva es un fenómeno de masas que no tiene parangón.
Tal es el caso de la afición culé.
Durante muchos años, los directivos, han mantenido esa aséptica distancia que debe permanecer entre fútbol y política, evitando contaminar un espacio que se sabe ejemplo y cantera para muchos jóvenes.
El cambio ha sido sustancial con la llegada a la presidencia del Barça del ínclito Jan Laporta, a ratos “estriper de aeropuerto”, a ratos “político aficionado”, a quién sin el mínimo escrúpulo, le ha perecido normal mezclar deporte y política, sin pensar el efecto que eso podía producir en la afición culé.
No le pareció mal, desplegar una pancarta, tamaño sábana, un domingo cualquiera, pidiendo el… sí al Estatut.
Tampoco ha tenido ningún pudor, a la hora de exhibirse en público para dar apoyo a la candidatura de ciertos políticos, a los que ni toda la afición del Barça junta, que es mucha, hubieran salvado de la derrota.
Como tampoco le importa, que en la alineación habitual de su equipo, figure un sujeto, que utiliza la sala de prensa del club, para defender la libertad de un asesino como De Juana Chaos, cuestionar el Estado de Derecho, garante de nuestras libertades, opinar sobre la independencia de los jueces, o proclamarse próximo al movimiento ocupa, cuando lo que debería hacer, es tocar alguna vez la bola y meter goles.
En mi opinión, esta situación es de tal desvergüenza que merece una disculpa. Politizar el deporte sin tener en cuenta que la afición culé es muy diversa en sentimientos e ideología, es una ofensa a la sensibilidad de muchos aficionados.
Ambos deberían tener en cuenta, que todos los niños que domingo a domingo acuden la ver los triunfos del Barça, lo hacen, no sólo por afición al fútbol sino también por ser fieles seguidores de sus ídolos a quienes quieren emular, y que deberían dar ejemplo, de neutralidad y buen hacer, asumiendo la responsabilidad de la trascendencia de sus opiniones y su conducta.
Como buena culé, no le pido a Laporta, ni a Oleguer, que renuncien a sus ideas políticas, pero sí que eviten expresarlas desde la sala de prensa del Barça.
Que se las guarden donde puedan, que se limiten a hacer del Barça un club de triunfos, fichar a los mejores, meter goles y ganar copas, evitando hacer del deporte, un ámbito de confrontación política.

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13.02.07 @ 13:47