La semana pasada, el gobierno catalán aprobó la creación del Memorial democrático, cuya función, no ha de ser otra, que difundir los valores democráticos y rendir homenaje a luchadores antifranquistas, comunistas y anarquistas.
La responsabilidad es de Saura, quién en lugar de garantizar la seguridad de los catalanes, en uno de los peores momentos de la historia, cuando la incompetencia es tanta, que los ciudadanos deben aplicarse y defender sus propiedades, rifle en mano, como en el viejo oeste; Saura, se empeña en dedicarse a resucitar viejos fantasmas con la creación del Memorial democrático, según él, "sólo para dar a conocer los hechos".
Veamos: según cuenta la historia, en Barcelona existieron 23 checas anarquistas y 16 comunistas.
Eran centros de represión fÃsica y psicológica, micro campos de exterminio, donde los muertos se contaron por miles.
Utilizaban una forma sutil de acabar con el adversario polÃtico, y ya fuera por fusilamientos o mediante la tortura más cruel, acabaron con la vida de muchos. Sólo los carlistas perdieron, casi dos mil miembros, la Lliga Regionalista doscientos, de la Falange, desaparecieron más de cien y otros cien de Acción Popular catalana,entre otros muchos.
Además cabe añadir a la depuración, a más de dos mil sacerdotes y religiosos, todos ellos, asesinados a manos de miembros de la FAI y de los anarquistas de POUM, que controlaban las checas.
Pero no sólo eso, también fueron memorables las acciones del Comité Central antifascista, que se hizo famoso por patrullar las calles de Barcelona y aterrorizar a las familias acomodadas, por ser conservadoras, o los Tribunales populares, que ajusticiaban con inmediatez o los campos de trabajo. Pero quizá, lo más memorable, sea el recuerdo de las cárceles flotantes, como el barco Uruguay, fondeado en el puerto de Barcelona y gobernado por un sanguinario y cruel sujeto al que llamaban Monroy, que infligÃa a los prisioneros un trato brutal, vejatorio e inhumano hasta la muerte.
No creo que todos ellos merezcan ni recuerdo, ni homenaje,ni mucho menos dedicar nuestro dinero a recuperar su historia, sólo desprecio, y que el tiempo haga justicia.
Si el objetivo del Memorial democrático es recuperar la memoria histórica esperemos que la recuperen toda, y los historiadores que participen en la recuperación de los hechos sean imparciales, históricamente rigurosos y socialmente justos, para evitar nuevos episodios de amnesia selectiva y su trabajo no sea sólo para recibir subvenciones entre amiguetes.

30.01.07 @ 07:14