Si hace un tiempo, la indignación de los españoles pudo evitar la excarcelación de un asesino.
Hoy es la justicia, la que no ha querido ceder al chantaje.
Iñaki de Juana Chaos, autor de veinticinco asesinatos, por los que fue condenado a tres mil años de cárcel, ha vivido ya dos episodios de suerte, que sólo un sistema penal permisivo puede tolerar.
Los beneficios penitenciarios estuvieron a punto de proporcionarle la libertad hace un tiempo, pero sus excesos verbales, transcritos en forma de amenaza en varios artÃculos pudieron impedirlo, y evitar que lo liberaran.
Iñaki, el asesino de inocentes, el que celebraba con cava cada asesinato de ETA, no pudo escapar a la acción de la justicia. No consiguió burlarse y salir impune después de provocar tanto dolor.
Entonces, la indignación era la suya, la rabia y el rencor de asesino le proclamaron futuro mártir, y se ha dejado morir de hambre.
El chantaje, estaba claro.
La noticia de su liberación vigilada por su estado de salud, ha querido poner en jaque, de nuevo al Estado de Derecho.
La posible libertad del condenado, ha vuelto a llenar de voces indignadas la calle, frente a la vergonzosa justificación del gobierno, que alertaba sobre futuras venganzas y estados justicieros.
¿Alguno de ellos ha recordado a sus vÃctimas, y a sus familias?
Los que apelan a los derechos humanos, a la prioridad de salvar su vida; podrÃan recuperar la memoria de sus muertos, salvaguardar la dignidad de las familias, hacer justicia y convencerse, que debe pagar por lo que hizo, que no se puede liberar a un condenado.
No se puede liberar a un asesino.

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