Han pasado ya quince días desde el terrible atentado de la T4, que dió al traste con el entretenimiento que ETA había montado para engañar al gobierno español.
Han pasado ya quince días y las máquinas siguen sacando escombros de las ruinas, en que ha quedado convertida la T4, construída hace muy poco tiempo, con el trabajo y el esfuerzo de muchos, algunos de ellos ecuatorianos, que vinieron aquí a buscar un futuro mejor y compatriotas de los muertos en el atentado.
Compatriotas, también, a los que han hecho partícipes de una historia que no es la suya, de un conflicto que no entienden, y manipulados para participar de una batalla política en la que no saben a donde van.
Han pasado ya quince días, y todavía no nos hemos repuesto del caos y la confusión, que supone un atentado, que nadie esperaba, que nadie quería y que nos devuelve a tiempos pasados que no queremos recordar.
Quince días, de batalla política entre los que quieren seguir en el engaño,y los que quieren la derrota definitiva, sin más.
Triste espectáculo político, desánimo y confusión, que no favorecen el consenso y desorientan a los ciudadanos.
Triste espectáculo, el del gobierno, que se sigue aturdido, sin saber muy bien que hacer o a quien creer, ni como luchar contra la traición inesperada, y la barbarie sin límite.
Años atrás, sí lo tuvimos claro.
El consenso se plasmó en un pacto, que representaba a la mayoría de los españoles, entre dos partidos PP y PSOE, que en aquel momento compartían un mismo objetivo; la derrota del terrorismo sin concesiones, sin precios políticos, sin negociación, con el único objetivo de conseguir de una vez por todas que nos dejen vivir en paz y en libertad.
Ese pacto que hoy llaman “papelito”, puso al servicio de la lucha antiterrorista, la colaboración internacional, el Estado de Derecho, a la justicia, a las fuerzas de seguridad y consiguió, descabezar a la cúpula de los violentos, ilegalizar a su brazo político, acabar con su financiación ilegal, y en definitiva debilitarlos hasta el punto que dejaron de matar, durante varios años, sin advertir treguas previas.
Ahora el camino es distinto.
El PSOE quiere la paz a base de diálogo, negociación y cesión, en definitiva, pagar un precio político, sin vencedores ni vencidos.
El PP, busca otra cosa.
Acabar con los violentos, sin concesiones, con vencedores y vencidos, haciendo justicia a las víctimas, el cumplimiento íntegro de las condenas, la colaboración internacional, mantenerles fuera del juego democrático, para conseguir debilitarlos, hasta la derrota final.
Y, ¿por qué?
Para poder vivir en un pais, en dónde puedas ser libre y pensar diferente sin miedo a que te maten, dónde puedas ser lo que quieras sin que eso justifique que te asesinen, donde puedas expresar tus ideas y no tengas que llevar escolta por ello.
Porque, en el siglo XXI, en un país democrático, nadie tiene derecho, a imponer a nadie sus ideas, con violencia, muerte y destrucción.
Nadie puede imponer a nadie sus ideas, por la fuerza de las armas.
