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  • Educación o adoctrinamiento

    Pocos días después de haber finalizado el curso escolar, el balance educativo no puede ser más pesimista. Año tras año, Cataluña es objeto de polémica por su prueba de selectividad a la que este curso hay que añadir la prueba de evaluación primaria.
    En selectividad, lejos de elegir autores de referencia cuya calidad literaria sea digna de interés, se obstinan en elegir textos que por su contenido político, sectario, tendencioso o por su poca calidad literaria, en nada nos ayudan a evaluar el nivel académico de nuestros alumnos.
    La elección de este año ha causado indignación al optar por un texto con errores sintácticos elaborado por la ministra Aído, criticada por su dudosa preparación intelectual y objeto de mofa en sus intervenciones por su lenguaje poco culto. Un referente poco aconsejable para los jóvenes.
    Quizá el objetivo de los responsables de tal elección no era evaluar su comprensión lectora, sino su nivel de adoctrinamiento político.
    La misma crítica merece el Conseller Maragall, a quien el gobierno repartido de Cataluña ha situado al frente de la educación sin haber pisado jamás un aula como docente y que ha justificado sin sorpresa, que tras seis años de gobierno tripartito, nuestros alumnos de primaria no hayan superado los niveles mínimos de conocimiento de las materias básicas.
    Alguna responsabilidad debemos exigirle a quien en función de equilibrios políticos, ha entretenido su tiempo en pactos y negociaciones que de nada han servido, en lugar de aplicar medidas que mejoren el rendimiento escolar de nuestros alumnos. A quién excusa su fracaso en la gestión de gobiernos nacionalistas y al mismo tiempo les tiende la mano para pactar la nueva ley de educación que elude cualquier referencia a la Constitución, a las leyes orgánicas básicas, incumple los decretos de mínimos, además de blindar un sistema lingüístico excluyente que vulnera los derechos de los padres y al que muchos informes apuntan ya como uno de los causantes del gran fracaso escolar en Cataluña.
    Alguna responsabilidad habrá que exigir al Conseller Maragall, que ha tenido una sobresaliente ambición política, una notable insensibilidad negociadora, una buena dosis de indiferencia a los reclamos de los padres y profesores, la suficiente soberbia como para enfrentarse a socios de gobierno, sindicatos y oposición, y la insuficiente capacidad para frenar el fracaso escolar.
    Quizá pase a la historia por haber engendrado una ley de educación que supone un paso más en esa supuesta necesidad de reconstrucción nacional de Cataluña. Pero lo cierto y verdad es que nuestros alumnos, tanto en selectividad como en primaria, seguirán viendo en sus boletines el reflejo de una muy deficiente calidad educativa.

  • LA VIEJA EUROPA

    Celebradas las elecciones europeas, la resaca electoral nos deja las valoraciones de siempre, que si mucha abstención, que si los ciudadanos no se sienten implicados, que si lo que interesa es la política interna y la descalificación del adversario. Más de lo mismo.
    Pero a mi juicio, esta no era una ocasión como cualquier otra. Esta era una contienda electoral con más trascendencia de la que parece. Si alguien nos lo hubiera sabido explicar, hubiéramos tenido más razones para ir a votar.
    No está el mundo para bromas!
    Es bueno apelar a la experiencia de quienes sí creyeron en el futuro de Europa, en la importancia del proyecto. Los dos ex presidentes, Aznar y González hicieron balance esta semana y tienen autoridad política para hacerlo.
    Aznar, afirmó que “el viento sopla en toda Europa en una dirección de más libertad económicaâ€.
    Felipe González afirmó que “somos incapaces de ver la respuesta global a desafíos que son globales, porque nos mata la pasión por lo local".
    Los dos ex presidentes se caracterizaron por tener una clara vocación europeísta, sabían que España necesitaba futuro y posición, y ambos trabajaron para conseguirlo.
    Quizá los dos, tomaron a título de ejemplo a los padres de Europa y como Adenauer o Schuman soñaron con la gran Europa, una potencia económica que garantizara nuestro bienestar, una Europa fuerte de ciudadanos libres e iguales que pudieran vivir en paz y concordia, una Europa segura y poderosa que unida pudiera hacer frente a una posible amenaza exterior.
    Hoy todavía vivimos en la vieja Europa, histórica y orgullosa pero arrastrada hacia un futuro incierto de paro, recesión y ruina que la desliza por una pendiente de suave decadencia, distraída y complaciente. En la vieja Europa, la potente Alemania industrial desespera ante la quiebra del icono de la automoción, la arrogante Inglaterra se sonroja de vergüenza por los abusos de sus ministros, la mítica Italia conservadora, soporta el escarnio de la frívola inmoralidad de su primer ministro, la grandeza de Francia ya entrada en recesión, pasea de la mano de su carismático presidente a la glamorosa primera dama como reclamo y España, otrora tierra de conquistadores, hace añicos el milagro español exponiendo su debilidad al mundo ante la indiferencia y el menosprecio internacional. Todo ello a los ojos del mundo.
    A la vieja Europa, la mata la pasión por lo local, entretenida en sus asuntos internos, con sus líderes y sus quebrantos mientras el mundo sigue girando.
    América, cuna de la ruina financiera, confraterniza en Egipto con los principales líderes musulmanes a quienes tiende la mano, los mismos que esconden en sus territorios a los grandes enemigos de Europa.
    El gigante ruso nos lanza grandes desafíos energéticos a los que pretendemos hacer frente con nuestros renovables molinos de viento. La competitiva China invade y revienta nuestros mercados con sus productos de bajo coste. Somos espectadores pacifistas de las bravatas atómicas iraníes o norcoreanas y como a la antigua usanza, nuestras naves son víctimas indolentes de secuestros y piratas en los calurosos y africanos mares del sur.
    Europa debe despertar recuperar su espíritu europeísta, la unión hace la fuerza y la fuerza te da el poder en el mundo.
    Europa debe saber, que no es este un mundo para viejos.

  • Un gobierno de ficción

    Esta ha sido una semana de gran actividad política, tanta que de ella podrían extraerse varios guiones cinematográficos de diversos géneros. Dicen que una película es una recreación ficticia de la realidad que nos evade por un tiempo del mundo en el que vivimos, pero a veces la realidad supera la ficción.

    El primer título de esta semana nos los dio hace unos meses la prestigiosa revista británica The Economist, publicando un artículo titulado “Se acabó la fiestaâ€, referido a España y a los retos que el gobierno Zapatero tenía ante sí para hacer frente a la actual coyuntura económica.

    Zapatero captó el mensaje y en su último debate parlamentario decidió escribir el guión de “Yo te invito, pagas túâ€. El argumento se basa en un conjunto de medidas anticrisis, dispersas, improvisadas e ineficaces. Un golpe de efecto que ha provocado el quejido de los gobiernos autonómicos que no están dispuestos a pagar la factura del despilfarro de un gobierno moroso.

    Hechas las advertencias por voces autorizadas, llegaron las rectificaciones del guión a sabiendas que el plante de los actores no se iba a hacer esperar, las subvenciones a la compra de coches provoca la caída de ventas, la supresión de la desgravación por vivienda, provocó la sublevación de los ahorradores, y las ayudas a las pequeñas y medianas empresas, se han considerado insuficientes. A Zapatero se le emborronó el guión.

    La producción volvió de la mano de la ministra Gonzalez Sinde, responsable de cultura, que en su película “Mentiras y gordas†retrató a los jóvenes españoles como irresponsables, incapaces de solucionar sus problemas porque se entregan al delirio de la noche, al sexo desenfrenado, a las drogas y al alcohol.

    No es de extrañar que si ese es el patrón de conducta de los jóvenes que tiene el gobierno, esta semana las ministras de sanidad e igualdad acudieran en su auxilio para escribir el guión de una nueva película de género dramático, que lleva por título “Con píldoras y a lo locoâ€. El argumento recurre a la falsa retórica que afirma que en una sociedad progresista, incapaz de concienciar a los suyos del valor de la vida y a fin de reconocer más derechos a la mujer, hay que suministrar la píldora post-coital, hacer del aborto una prestación sanitaria más y sustraer los derechos a los padres, para ocultar así los efectos de los excesos juveniles y que siga la fiesta.

    Mientras tanto el ministro de educación, se atrevió con otra ocurrencia, que sin duda situará a nuestros escolares en la cima de la tecnificación mundial y que podríamos titular “menos valores y más ordenadoresâ€. Con ello, y de un plumazo, solucionamos las exageradas cifras de fracaso escolar que tienen al país desolado.

    Pero el mejor guión cinematográfico de la semana en el género de la ciencia ficción y que bien podía llevar por título “Esperando a Chacón†ha sido el protagonizado por un buque de la Armada española que en misión internacional, esperó durante tres días una decisión ministerial tras el arresto de unos piratas. Durante ese tiempo Chacón y Moratinos, navegaban a plena vela por el limbo jurídico, rebuscando entre sus papeles un acuerdo internacional que a modo de manual de instrucciones les iluminara sobre la decisión a tomar. Perplejidad y ridículo.

    “Gobierno o ficción†es el título de la última película que han escrito los españoles. Pasemos de las musas al teatro o más bien de las ocurrencias a la realidad. No nos faltará coraje para salir adelante a pesar del gobierno, que olvida que las personas son las primeras víctimas de esta situación y que a toda crisis económica va unida una crisis social que devalúa los conceptos como el deber, la obligación, el compromiso o la responsabilidad.

    Las cosas están difíciles y nuestro futuro no puede depender de si se ha ganado o perdido un debate, sino más bien de la aplicación de medidas realistas y eficaces que el gobierno no tiene interés en aplicar.
    Tendremos que conformarnos con la honradez de empresarios que mantendrán sus empresas con un esfuerzo titánico por evitar el cierre y el perjuicio de sus trabajadores. La solidaridad de las familias que responderán de nuestras necesidades cuando nos llegue el drama del desempleo, de los padres que se responsabilicen de sus hijos para enseñarles el límite de sus conductas, la responsabilidad de sus actos y el compromiso con los demás. De los profesores que por vocación y junto al ordenador portátil sepan ser fuente de conocimiento y de valores para sus alumnos, y de los propios jóvenes que conscientes de su futuro quieran realizar el esfuerzo necesario que les proporcione seguridad y bienestar.

    Si depende de nosotros mismos, las cosas nos irán mejor a pesar de este gobierno.

  • SI A LA VIDA

    Hoy se han celebrado en toda España, manifestaciones públicas contra el aborto y el proyecto de ley que demuestra el interés del gobierno, por crear debates ficticios y cortinas de humo, ante un panorama que reclama su atención por otros temas mucho más preocupantes como la crisis, el paro o la inseguridad.
    Quiero manifestar mi más absoluto rechazo al aborto, no sólo por la gran trascendencia ética del tema sino también por sus graves efectos jurídicos, igual que suscribo las palabras del mundo científico recogidas en el “Manifiesto de Madridâ€.
    Al tratarse de un tema de tanta trascendencia social, sorprende que se haya dejado en manos de una Ministra que evidencia una clara falta de experiencia, madurez y preparación intelectual.
    La situación actual, pone de manifiesto el fracaso de una sociedad que ha sido incapaz de concienciar a los suyos del importante valor de la vida, un valor supremo digno de toda protección y reconocido como un derecho fundamental. Una sociedad madura, democrática y culta jamás debiera acudir a medidas de este tipo, más propias de sociedades primitivas o enfermas.

    En la legislación española, el aborto es un delito que está despenalizado en tres supuestos, que lamentablemente han sido burlados por desaprensivos que violando el juramento hipocrático, pretenden hacer del aborto un método anticonceptivo y convertirlo en un despreciable negocio.
    La ampliación de los supuestos del aborto, nada tiene que ver con el reconocimiento de más derechos de la mujer, ni con la modernidad, ni con el progreso y si mucho que ver con la falta de valores morales, la falta de compromiso, el fracaso de políticas de prevención entre los jóvenes y la falta de medidas de auxilio y protección a las mujeres que tienen que afrontar un embarazo no deseado.
    La trascendencia moral, pone de relieve el fracaso de una sociedad desprovista de un código ético incapaz de transmitir valores de respeto y compromiso, entre los que está el derecho a la vida y con ello forjar nuevas generaciones de individuos responsables con las consecuencias de sus actos.
    A ello hay que añadir, la trascendencia jurídica que supone sustraer a los padres los derechos que les asisten sobre sus hijos, permitiendo abortar a una menor sin el consentimiento paterno, cuando sí lo requiere para otro tipo de acciones de mucha menor enjundia y que entrañan menor riesgo.
    La práctica de abortos ilegales vulnerando la ley, nunca debe llevar a la reforma legal que legitime el hecho delictivo.
    La alternativa está clara, mejor formación, más medidas de prevención, más atención y ayuda a las gestantes, flexibilizar las leyes de adopción, medidas de atención a la familia, y concienciarnos de la responsabilidad por las consecuencias de nuestros actos.
    Sólo de esta forma podremos evitar la miseria moral de una sociedad que amparándose en un malentendido progreso es incapaz de defender, el derecho a la vida. Un derecho irrenunciable para cualquier civilización.

  • POR UNA NUEVA ÉTICA POLÃTICA

    Artículo inspirado por mis amigos de facebook que crearon el grupo "Por la regeneración democrática y la búsqueda de los valores perdidos".

    El último barómetro de opinión publicado esta semana en Cataluña, cifra en un 75% el índice de insatisfacción política. Un dato que alarma por la brecha que separa cada día más y agranda la desconfianza entre los ciudadanos y políticos que sólo reaccionan ante la cita electoral.
    La conclusión del estudio es que no hay razones para la esperanza ni para la ilusión, y sí para el desengaño y la frustración, en un panorama de crisis económica profunda, sin que se pueda identificar ningún cambio que ilusione a una sociedad inmersa en el relativismo moral.
    Todo un desafío para quien pretenda sobrevivir y afrontar una situación económica precaria e incierta, con gobiernos que han hecho de la mentira virtud, y para quien se haya desengañado al depositar su confianza en el habitual abanico de promesas que luego se tornan en decepción.
    Las cifras son indiscutibles, ahora es el momento de discutir las ideas, afrontar el presente y proponer soluciones con valentía para el futuro.
    Si hacemos un repaso de los temas que han protagonizado la última semana, la incertidumbre, la corrupción, la desconfianza en la justicia o el despilfarro del dinero han centrado los temas del debate público, muy alejados de los de interés general.
    Sólo nos queda un pequeño margen para acercarnos a esa realidad de comedores sociales repletos de clases medias arrolladas por la crisis, de personas que no supieron administrarse, los restos de un naufragio social provocado por los excesos de la sociedad materialista y opulenta de estos últimos años a las que los políticos no supieron o no quisieron prevenir ni advertir del riesgo de vivir en el sueño de la abundancia .
    Es el resultado de años de actitudes que han forjado lo que se ha dado en llamar “la clase política†como un género al margen de la sociedad real, una casta diferente que vive en el interior de las instituciones públicas, protegida por sus privilegios y productora de debates ajenos a la realidad social, amplificados hasta el extremo por los medios de comunicación y unos opinantes capaces de convertir lo más nimio en primordial.
    Entretenidos en los problemas de los protagonistas del papel couché, nadie advirtió la decadencia social, la falta de valores y el declive económico.
    En los últimos años, la sociedad se ha acomodado al relativismo moral, a la creencia en que el fin justifica los medios y a la idea de que cualquier cosa vale si con ello se consigue dinero, fama y notoriedad. Tenemos una sociedad de héroes con pies de barro a quienes la justicia se ha mostrado incapaz de exigir responsabilidades.
    Es el momento de una regeneración política que evite que, a la hora de abordar asuntos públicos, la demagogia favorezca el victimismo, los intereses partidistas y los particularismos, legitime la discriminación, el fanatismo o los nacionalismos exacerbados como método de estrategia política, que nada tienen que ver con la voluntad de gestionar la cosa pública al servicio del interés general.
    Con este panorama, ya empiezan a oírse las primeras voces que llaman a la regeneración política y a la recuperación de valores perdidos que deben guiar a todo aquel que tenga vocación de servicio público.
    Es necesario un nuevo orden para actuar en política, la forja de una nueva generación de políticos capaces y formados para liderar la toma de decisiones, alejados del interés individualista; un nuevo orden que prime la honestidad, la eficacia en la gestión y el esfuerzo por mejorar todo cuanto concierne a los demás; un nuevo orden económico con límites que acaben con el enriquecimiento injusto, con la impunidad de la avaricia ante las grandes estafas, con los contratos blindados y con beneficios imposibles de justificar; un nuevo orden jurídico en el que la justicia sea capaz de exigir responsabilidades de manera rápida y ejemplar ante el incumplimiento de las normas que garantizan nuestra convivencia pacífica y nuestra seguridad.
    Necesitamos una regeneración política que nos lleve a recuperar los valores éticos, que nos permita volver a ordenar nuestro sistema de vida, que nos devuelva la confianza en el futuro y el respeto por el servicio a los demás sin esperar nada a cambio, tan sólo la satisfacción del deber cumplido y el trabajo bien hecho.
    Son muchas las voces que comienzan a reclamar un nuevo orden ético-político, ético-económico y ético-jurídico que regenere una democracia que se ha convirtido en un espejismo de la realidad.

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